Noventa Segundos

#NACIMOSSOÑADORES

Porque si de negocios y música se trata, hacer arte en este mundo tan competido, es todo un arte.
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Anoche sucedió un evento significativo en uno de los premios más importantes de la industria cinematográfica, y sin clasificarlo como un misterio musical en plena transmisión en vivo. Sí, me referiré a él como un clásico encontrón entre las dos arenas en donde he tratado de colocarme desde hace ya un par de años: la música y los negocios.

¿Cuánto arte es necesario sacrificar para ser comercial? ¿Es mejor vender un producto original de autoría hecho para agradar a las masas o será mejor calmar el alma del artista siendo fiel a su producto tal cuál lo imaginó pero abandonado en el último cajón del escritorio?

Los Oscar tienen, y siempre han tenido, un público cautivo. Muchos escépticos tendrán sus opiniones contrarias acerca de la toma de decisiones de la Academia, otros celebran el triunfo de sus artistas favoritos, y otros tantos lo miramos como un evento más al que nos place echarle un ojo; por tendencia, por novedad, por moda. De las tantas categorías que se compone el evento completo, la categoría de canción original siempre ha destacado porque no solamente se premia a la galardonada, sino que cada una de las nominadas tiene la oportunidad de presentarse ante el público… bueno, no esta vez.

Cabe destacar que para su actual entrega 91 de los premios Oscar la Academia fue arriesgada. Este año quiso intentar el desafío de no tener un guía (host) que engalanara el evento, cosa que no se había repetido desde 1989. Para acortar el tiempo de transmisión, propuso transmitir dos de las categorías durante los comerciales (cinematografía y edición), decisión que retractaron de inmediato debido a las severas críticas principalmente de los miembros del gremio. Por último quisieron incluir por primera vez una categoría de la película más popular, noticia que tampoco fue del agrado de nadie y que por ser así, prefirieron dejar en el olvido.

Sin embargo, con tantas reglas en el juego, se presentó una nueva disputa. Intentando aumentar la audiencia que se había perdido en las transmisiones de los años anteriores (en el año 2017 se registró un rating de 32.9 millones de espectadores y en el 2018 descendió a 26.5 millones), la ceremonia quiso recortar tiempos a como diera lugar, y una de las áreas afectadas fue en las presentaciones de las canciones nominadas. Se rumora que bajo la nueva consigna de permanecer dentro de los nuevos tiempos asignados de presentaciones por canción, un par de artistas se vieron en la penosa necesidad de claudicar. Anunciaron que no participarían, y aunque no dijeron las razones, se especuló que no querían “mutilar” una canción que en su naturaleza tenía la duración de 3 minutos con 50 segundos para encasillarla en un tiempo límite de 90 segundos.

Kendrick Lamar y Sza, compositor e intérperte del tema All the Stars para la película Black Panther, rechazaron presentarse en uno de los escenarios más importantes a nivel mundial. Según otras fuentes, se dice que en realidad las agendas simplemente no se alinearon para que los artistas pudieran presentarse. De una u otra manera, la noticia me hizo profundizar en el tema. ¿Será que hay veces en la vida cuando uno tiene que conformarse con “mutilar” el arte para poder ser atractivo en diferentes plataformas? ¿Será que hay ocasiones en las que más vale adaptarse para poder venderse? ¿O simplemente debemos permanecer fieles a nuestras creaciones?

Ni Kendrick ni Sza (ella finalmente sí atendió a la premiación pero no cantó ante la ausencia de su compañero) no tienen la necesidad de llamar más la atención, tienen el prestigio necesario para bajarse de un monumental proyecto como éste, pero, ¿qué hay de los nuevos artistas que nacen con la capacidad de hacer mucho y se les presenta una oportunidad que no pueden rechazar, pero a la vez, tampoco los entusiasma demasiado? ¿Qué hay de ese arte que es hecho por encargo?, ¿también es arte?.

Por si fuera poco, y tratando de arreglar el malentendido para retener a la afamada canción de vuelta en el escenario, la Academia propuso la posibilidad de invitar a otros cantantes para interpretar dicha canción de Black Panther (tal como Bette Midler al reemplazar a Emily Blunt en la canción nominada de la película Mary Poppins Returns), pero ya era demasiado tarde. La decisión estaba tomada. En la noche más esperada de lo mejor del cine se presentaron cuatro de las cinco canciones nominadas, siendo Shallow la ganadora, (escrita en conjunto por Lady Gaga, Mark Ronson, Andrew Wyatt y Anthony Rossomando para la película A Star is Born).

Noventa segundos son suficientes para afectar diversos intereses tanto musicales, como de negocios. Puede afectar una carrera, una trayectoria, un rating, una canción, un sin fin de noches de desvelos de composición o una transmisión en vivo. Porque si de negocios y música se trata, hacer arte en este mundo tan competido, es todo un arte.

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